¿Cómo venís con los límites en tu vida?
Dejame adivinar…
Laburás más de lo que te pagan. Cuando te duele algo, le das al ibuprofeno y "siga, siga". Tu agenda de actividades está tan saturada que tu cuerpo no lo puede sostener (y tu billetera tampoco).
Mandás la de "tranqui, no pasa nada", cuando, en realidad, en tu cuerpo pasa UN MONTÓN.
Pero aprendiste a aguantártela. A sonreir y quedarte. Y camino a casa te zambullís en una panadería o mandás tu catarsis por audio, mientras cruzás la calle.
Amiga, te estás pasando por arriba vos misma…
y el problema no es que no quieras poner límites, es que cuando llegás al momento, tu cuerpo se congela y la voz no sale, porque la vocecita de adentro te dice que sos una pesada, que no es tan grave.
Sí. Los límites son un temón.
La sociedad nos enseñó que poner límites es de pesada o intensa, cuando en realidad son necesarios para mantener relaciones saludables con otras personas, con la comida, con el dinero y también con nosotras mismas.
Obvio que más fácil decirlo que hacerlo así que queremos invitarte a practicar juntas:
Practicar en un espacio seguro, en donde equivocarte no sea un riesgo.
Practicar escuchar a tu cuerpo, confiar en él y hacerle caso.
Practicar en grupo, para sabernos acompañadas y nutrirnos de los ejemplos de otras.
Y practicar sin teoría al pedo. Porque no vamos a decirte qué son los límites. Vamos a practicar cómo ponerlos. Y más difícil todavía, cómo sostenerlos.